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Los "Danes, grados o niveles." ¿Frutos caducos o perennes?.
Para responder a esta pregunta, alegóricamente planteada, utilizaré un bello aforismo que dice: "El Karate-dô (u otro arte) debe ser como un caldero de agua caliente, el cual hay que mantener bajo el fuego para que ésta no se enfríe". De su moraleja se desprende que una persona que haya obtenido un determinado "grado o nivel" debe continuar con una práctica sincera y exigente a fin de preservar y mejorar las capacidades y virtudes que un día lo hicieron merecedor de ese reconocimiento.
Si esto no es así, ¿qué valor puede tener un 3º, 4º 5º ó 6º Dan?. ¿Acaso hemos de conformarnos con vivir de los éxitos del pasado? ¿No es infantil pensar, que ostentar un determinado grado nos garantiza a los ojos de los demás un determinado nivel, unos conocimientos, o una superioridad manifiesta? El que crea que estas clasificaciones, garantizan la excelencia técnica de por vida o es un ignorante o un engreído o ambas cosas. Y aunque, no es mi intención ofender a nadie, ¿qué calificativo merece el individuo que al practicar con un oponente de grado igual o inferior se queja de que éste le ataca o defiende demasiado fuerte?. Algunos dirán que exagero, aunque estas situaciones existen, sobre todo en aquellas personas que en su día ‘pudieron’ tener un cierto nivel técnico que olvidaron mantener. Y con el paso del tiempo _que actúa lento pero seguro_, ven como los que venían por detrás los superan con creces dejándolos en evidencia. Es triste ver como estas personas se van alejando progresivamente del camino correcto y algunos, obstinadamente, quieren hacer valer su posición jerárquica. Pero, los "grados, niveles o danes" no tienen poderes ocultos y estas personas en el peor de los casos terminan por dejar de entrenar, o aparecen de vez en cuando para lucir el cinturón negro y consolarse de su declive consentido. A nadie debería sorprender que una persona de menor grado se lo ponga difícil en la práctica, debido a que los que todavía están escalando por un sendero abrupto se aferran con uñas y dientes. Sin embargo, los que ya se ven en la cima se relajan y en su descuido pueden llegar a caerse sufriendo las consecuencias. Por ello, los que recorremos el camino del Budô no debemos dejarnos embaucar por la ‘falsa seguridad’ que puede transmitir los grados, títulos o éxitos obtenidos. Porque éstos pueden ser un medio para ayudarnos a evolucionar, pero no un fin en sí mismos
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